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Un twit de principios del siglo XX

Opinión
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En el libro sobre presentaciones “Resonancia”, escrito por Nancy Duarte, se reproduce esta cita del que fuera presidente demócrata de Estados Unidos desde 1913 hasta 1921, Woodrow Wilson: “Si tengo que hablar diez minutos necesito una semana de preparación, si quince minutos, tres días, si es media hora, dos días; si es una hora, ya estoy listo”.
El trabajo de síntesis requiere un esfuerzo que muchos tuiteros orillan. Menos es más debería ser la insignia para este medio que padece la incontinencia de sus usuarios.

Objetivos alcanzables

Nuestros objetivos ¿son realistas?

Opinión
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En este mercado, en el que tanto se anima a los emprendedores, da la sensación de que basta con querer para poder. Hay un trasvase de responsabilidad de la sociedad al individuo, al que se tiende a tildar de indolente si no es capaz de poner en práctica sus proyectos o ilusiones. Está bien luchar por nuestros objetivos, pero antes hay que definirlos con seriedad. Ni siquiera para Michael Jordan, en su buenos tiempos, colgarse de este aro hubiera sido un reto a su alcance.

La publicidad de se ve. Pero está

La publicidad no se ve. Pero está

Opinión
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Como señala Eric Clark, “el poder especial de la publicidad radica en que no le prestamos a los anuncios demasiada atención”. No hay que descubrir que la publicidad forma parte del paisaje, sea este físico o virtual. Debido a que convivimos con ella de forma cotidiana, su presencia está asumida, asimilada. No provoca rechazo porque no la vemos. La consecuencia es que, como nuestras defensas están bajas, su influencia nos pilla desprevenidos. Los mensajes se almacenan como agazapados para salir a la luz en el momento preciso. Que suele ser en el momento de consumir. Aunque pensemos que los efectos de la publicidad sobre el individuo -y sobre cada uno de nosotros particularmente- son modestos, su eficacia es enorme si se observa en el conjunto de la sociedad y a lo largo del tiempo.